Mykonos con Costa Cruceros: la escala glamurosa por excelencia
Dedica entre 3 y 4 horas a explorar la ciudad a pie, o más si lo combinas con una visita a la playa o cultural. Costa ofrece varias opciones, desde la relajación hasta la excursión histórica a Delos: tú eliges.
Vida suave y buganvilla
Al llegar, Mykonos deslumbra. La luz es cruda, casi irreal, y la ciudad, toda blanca y azul, parece hecha para los contrastes. Desembarcamos en una isla mítica y polifacética, donde las tradiciones griegas se codean con la locura festiva de la jet-set. Nuestro guía comienza en el centro de Chora, un laberinto de calles encaladas salpicadas de contraventanas de colores, tabernas y exuberantes buganvillas. Aquí todo es fotogénico, casi demasiado bueno para ser verdad.
Un lugar de encuentro legendario para la Jet Set
Pero Mykonos es también una historia de iconos. Fue en la década de 1960 cuando todo cambió. Aristóteles Onassis y Jackie Kennedy se enamoraron de la isla. La pareja más glamurosa del mundo se instaló aquí, atrayendo a su paso a la alta sociedad internacional. Un tal Galatis, diseñador griego de elegancia natural, organizaba aquí suntuosas veladas que reunían a estrellas, artistas y miembros de la jet set de todo el mundo.
Frank Sinatra, Anthony Quinn, Maria Callas y Grace Kelly fueron algunos de los invitados a estas fiestas legendarias. Mykonos se convirtió en la meca de la elegancia y el exceso, sin perder nunca su encanto griego.
Hoy, la tradición continúa. Jeff Bezos, Matt Damon, Leonardo DiCaprio, Dua Lipa y Kylie Jenner acuden regularmente para disfrutar del ambiente único de la isla. Las fiestas empiezan en la playa de Scorpios o Nammos y duran hasta el amanecer, a veces en villas privadas escondidas en las colinas. La fiesta aquí no es vulgar: es dorada, soleada, eléctrica.
Un paseo romántico por el casco antiguo
Y sin embargo, tras el glamuroso barniz, el alma de Mykonos persiste. Los gatos duermen en las escaleras, las iglesias bizantinas resuenan al atardecer y los lugareños son tan acogedores como siempre. En la Pequeña Venecia, puedes contemplar las olas desde un balcón suspendido sobre el agua. Más arriba, los molinos con tejados de madera de Kato Mili dominan la isla. Antaño utilizados para moler trigo, ahora están congelados en el tiempo, pero su silueta blanca sigue siendo uno de los símbolos más fotografiados de Mykonos. La vista de la bahía desde aquí arriba es espectacular.
Para quienes deseen enriquecer su visita, la isla sagrada de Delos está a pocos minutos en barco: un importante yacimiento arqueológico, antaño centro del mundo griego, que Costa ofrece en algunas de sus excursiones.
Pero tanto si vienes por la historia como por el ocio o las noches en vela, una cosa es cierta: Mykonos no deja indiferente a nadie. Seduce, hechiza y a veces agota, pero siempre con elegancia.
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