Santorini con Costa croisière, descubre una isla esculpida por la luz
Santorini es sin duda la escala más fotogénica de un crucero por el Mediterráneo. La isla griega en forma de media luna surge de las olas como un espejismo volcánico. En cuanto el barco está amarrado, es fácil ver por qué ejerce tanta fascinación. Aquí todo es contraste: entre la roca negra, la cal blanca, el azul profundo del mar y la luz brillante.
Con Costa, hay varias opciones de excursiones que se adaptan a tu estado de ánimo, a tu energía… y a tu curiosidad. He aquí las tres rutas principales que probamos u observamos in situ.
La subida a Firá: ¿teleférico o reto deportivo?
Para llegar al pueblo de Firá, suspendido en un acantilado a más de 260 metros sobre el puerto, hay dos opciones: la modernidad o la valentía.
El más sencillo -y el más utilizado- es el teleférico, un cable ultra empinado que tarda sólo tres minutos en subir. Las cabinas de cristal ofrecen una vista impresionante de la caldera, la bahía creada por el volcán que se derrumba, y de las escarpadas laderas de la isla. Es rápido, suave y la forma perfecta de iniciar tu visita.
Pero algunos prefieren los 600 escalones tradicionales que serpentean por la pared del acantilado. ¿Pintoresco? Sí. ¿Inolvidable? Sin duda alguna. Siempre que vayas bien calzado, no te asusten las alturas… y tengas un poco de aliento. De vez en cuando te cruzas con algunos burros, cargados de caminantes o simplemente de recuerdos. La imagen te hace sonreír, pero el camino es resbaladizo y empinado, y los escalones desiguales y pulidos por el tiempo. Los que tengan vértigo o las rodillas débiles harían bien en abstenerse.
Firá: entre belleza suspendida y callejuelas deslumbrantes
Una vez en la cima, Firá (o Thira) revela todo su encanto: calles estrechas, terrazas en cascada, balcones llenos de flores y, sobre todo, una luz cegadora que hace vibrar cada fachada encalada. La arquitectura sigue la pendiente del acantilado, cada edificio parece encajar en el siguiente, como un acto de equilibrio sobre el vacío.
Firá es el paraíso de los fotógrafos y el patio de recreo de los influencers, con una vista panorámica, una cúpula azul y un callejón de mármol claro en cada esquina. Todo bañado por una luz inigualable: blanca al mediodía, dorada al final del día, rosa al atardecer.
Las tiendas van desde la artesanía local hasta las marcas de lujo. Y por todas partes hay cafés panorámicos donde puedes pararte a admirar las vistas. La vista del mar Egeo y del volcán emergente de Nea Kameni es hipnótica.
Oia: una postal viviente
Para los que quieran ir más lejos, Oia (pronunciado «Ia») es la otra perla de la isla. Accesible en autobús o mediante una excursión de Costa, aquí es donde se hacen la mayoría de las fotos icónicas de Santorini.
Las casas son más pequeñas, las calles más tranquilas y el ambiente más romántico. Es el lugar perfecto para las puestas de sol, pero también uno de los más concurridos. Los tejados azules y las paredes encaladas destacan sobre el horizonte, y los visitantes se agolpan en los balcones para captar la última luz del día.
A pesar de su fama, el pueblo ha conservado cierta autenticidad. Si te alejas de los caminos trillados, aún encontrarás talleres de artesanos, pequeñas iglesias y terrazas vacías donde se instala el silencio.
Un crucero en catamarán: la isla vista desde el mar
Entre las opciones que ofrece Costa, merece la pena considerar el crucero en catamarán por Santorini. Lejos del bullicio de los pueblos de las colinas, podrás descubrir la isla desde el mar, en un entorno crudo y mineral, casi lunar.
El catamarán bordea los acantilados de la caldera, pasando por Firá y Oia antes de acercarse a la costa sur, donde podrás ver playas de arena negra, guijarros rojos y rocas volcánicas. Estos paisajes son el resultado de las poderosas erupciones que han dado forma a Santorini a lo largo de los siglos. El contraste entre la piedra negra, el mar azul cobalto y los acantilados ocres es fascinante.
Algunas excursiones incluyen paradas para nadar en calas solitarias o cerca de fuentes termales naturales, cerca de la isla volcánica de Nea Kameni, que sigue activa. Aquí, está claro que Santorini es algo más que una postal: es una isla viva, nacida del fuego, con una energía telúrica que aún es palpable.
Santorini es una isla que impresiona, deslumbra, a veces cansa, pero rara vez deja indiferente. Con sus paisajes volcánicos, sus pueblos suspendidos y su luz única, Santorini ofrece una escala donde la realidad a veces parece irreal.
También puedes leer nuestros artículos sobre los demás puertos de escala de Costa: Mykonos, Rodas, Heraklion (Creta) y Estambul, para continuar tu exploración del Mediterráneo con igual asombro.
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